Cuatro plataformas de reventa han demandado al Distrito de Columbia para que su nueva ley de reventa no se aplique. La norma limita el precio de revender una entrada al precio total de la entrada inicial más un 10 %, y sus obligaciones son exigibles desde el 1 de enero de 2027.
Qué ha pasado
La norma es la D.C. Law 26-181, la «Restricting Egregious Scalping Against Live Entertainment (RESALE) Amendment Act of 2026». Primera lectura en el Consejo del Distrito el 30 de junio de 2026, segunda el 14 de julio y firma el 10 de agosto como Act 26-410. Efecto el 25 de septiembre de 2026; obligaciones aplicables desde el 1 de enero de 2027.
Son cinco piezas. El revendedor no puede superar el precio total de la entrada inicial más un 10 % de ese importe. El marketplace no puede cobrar comisiones superiores al 10 % de ese mismo precio. Hay que mostrar el precio total, con desglose de comisiones e impuestos, antes de la compra final. Se prohíbe la entrada especulativa: no se puede vender una entrada que el revendedor no tenga en posesión real o constructiva al publicar el anuncio. Y quien publique 50 o más anuncios al año debe registrarse con una fianza de 25.000 dólares. Las infracciones son infracción civil de clase 2 y práctica comercial ilícita, y el departamento competente puede suspender o revocar la licencia.
El 14 de octubre de 2026, Ticket Policy Forum y sus empresas miembro SeatGeek, Vivid Seats, Gametime y TickPick demandaron al Distrito ante el tribunal federal del Distrito de Columbia y pidieron medida cautelar. Alegan cuatro cosas: cláusula de comercio durmiente, porque la ley regularía comercio fuera del Distrito; vulneración del Home Rule Act; vulneración del due process, por topes de precio arbitrarios y confiscatorios; y vulneración de la Primera Enmienda, por obligarles a revelar una información de precio que dicen no poder verificar. En el comunicado de los demandantes, su director ejecutivo, Brian Berry, sostiene que «al amparo de la asequibilidad, el Distrito ha aprobado una ley que llevará la venta de entradas a la sombra y expondrá a los aficionados a mayores riesgos».
Pollstar informó del pleito el 15 de octubre con los mismos argumentos, incluida la imposibilidad alegada de determinar el valor nominal original. Allí, el concejal Charles Allen, promotor de la norma, responde que las empresas «están sableando a los residentes de D.C.» con «una estafa que les ha resultado extremadamente lucrativa durante años» y que «con mi ley, ese espectáculo se ha terminado».
Por qué importa
El punto está en la base de cálculo. Los dos topes se miden sobre «el precio total de la entrada inicial». Ese número lo fija quien vendió primero, no el secundario, y el argumento central de las plataformas es que no pueden conocerlo.
Hay una consecuencia que la ley no nombra. Un tope referido al precio inicial solo es cumplible si el valor nominal viaja con la entrada, entrada a entrada. Se presenta como un límite al secundario, pero depende de que el primario exponga un dato que hoy no siempre expone. Un tope de reventa acaba siendo un requisito de datos del sistema de venta primaria.
Es la costura que ya aparece en otros expedientes: California legisló sobre entradas especulativas, el caso de la FTC contra Ticketmaster por el BOTS Act sigue adelante y el acuerdo del DOJ con Live Nation impone obligaciones a los marketplaces.
Por ahora no hay decisión judicial. La medida cautelar está pedida, no resuelta.
